Una nueva reforma dela iglesia.
La profundidad del avivamiento espiritual
En los últimos meses, Dios a comenzado a poner en el corazón de nuestro ministerio un profundo sentimiento sobre la necesidad de que se produzca una nueva reforma en el seno de las iglesias cristianas de nuestros días.
Sería muy pretencioso querer dar en algunas palabras la complejidad de la situación en la que vivimos. No obstante podemos avanzar un cierto número de proposiciones. Sólo se trata aquí de algunos puntos de referencia que permitan abrir la reflexión, fijando las cosas y pretendiendo ser exhaustivo.
Intentamos un análisis, aunque sea rápido, el que será siempre preferible al silencio.
Es que en nuestro país, desde todos los estamentos evangélicos y desde hace muchos años; se proclama a los cuatro vientos, que el avivamiento llega, y que las iglesias cosecharan lo que nunca en la historia cosecharon para los graneros del Señor.
Y se sigue proclamando. . .
Y aún hay muchos que proclaman un avivamiento en sus respectivas iglesias, . . . cuándo en mas de una década los registros de las mismas no demuestran más de un diez por ciento de crecimiento, y aún en ese supuesto crecimiento se toman; en la gráfica, todo el grupo que se a trasladado desde otras iglesias, de lo que se denomina “la iglesia flotante”.
¿Reforma, solo por eso?. No.
Es que también, se han ido perdiendo los valores éticos dentro del concierto evangélico, como así también; y peligrosamente se han comenzado a desvirtuar los conceptos teológicos enseñados por los padres de la iglesia, apartándose de la raíz y creando “ramas” endebles, que con el tiempo vemos como se quiebran arrastrando en su caída todo el fruto que había en ellas.
La pregunta que hoy nos hacemos es: ¿Cuan suficientemente profundo es el “avivamiento” evangélico pentecostal de hoy en día?
Esta clase de iglesia en la que estamos acostumbrados a participar en nuestros tiempos; ¿tiene resultados muy profundos en las vidas de los creyentes?
Una y otra vez descubrimos que la mayor preocupación de la iglesia de hoy en día, no solo de sus ministros, sino del grueso de sus miembros, es el llamado programa.
La idea básica es: proveer algo tan espectacular y sensacional que atraiga a las multitudes y que aumente la asistencia, en esa vertiginosa carrera de los números dónde vale más quien tiene más.
Es que cuándo eso sucede, se alimenta nuestra vanidad y de algún modo se satisface nuestro profundo deseo de impresionar a la gente con el tan llamado “éxito”.
Y para que eso suceda, se usan las mismas técnicas antiguas que emplea el mundo para atraer e impresionar al público.
Hoy florecen en todas partes los llamados cursos o seminarios sobre: “crecimiento de la iglesia”, “cómo ser dinámicos”, etc. con el fin de instruir a los líderes y futuros líderes a atraer a las multitudes cuando en la primer iglesia dice la Palabra de Dios, que era Dios mismo quien agregaba día a día a aquellos que habían de ser salvos (Hechos 2:47).
El criterio máximo para medir algo, es el éxito medido por la asistencia, aún cuándo el resultado final verdadero sea muy pequeño.
Nuestros líderes religiosos continúan haciendo alarde de una “mayoría moral”, o de “un despertamiento mundial”, o de “evangelismo en masa”, o de “unidad ecuménica”.
Si esto fuera verdad; ¿porque no cambia la forma de ser de nuestra sociedad contemporánea?.
Es que en todos estos años, nos hemos encargado como ministros de engañar a la mayoría de los creyentes.
La preocupación de los líderes, sin importar el púlpito que ocupemos, ha sido en la mayoría de los casos impresionar a la gente con su éxito.
Y hay dos razones fundamentales para que esto suceda.
La primera es que; jamás nos arriesgamos a aparecer como fracasados ante las personas.
La segunda es que; el sustento, ya sea moral, social o financiero, depende de que se nos considere personas de éxito. Es que en nuestra cultura, la gente no respalda a una persona que no sea exitosa.
Así que, por necesidad un líder tiene que aparentar ser un triunfador. Tiene que estar activo. Su organización tiene que crecer en tamaño y escalar posiciones. Tiene que impactar a las masas. Si no lo hace, está destinado al fracaso.
Al visitar muchas congregaciones muy “emocionales”, nos preguntamos ¿Cuán profunda es nuestra enseñanza de las verdades bíblicas?
Donde quiera que vayamos, vemos señales de poca profundidad. El movimiento es muy brillante y gozoso; pero nuestra preocupación es; que lo superficial no agrada a Dios.
No creo estar equivocado, pero hemos caído en la práctica mediática de la inclinación a avivar a la congregación por medio de muchos cánticos y risas (show), y la pregunta actual de las reuniones es: ¿Están contentos?, “El que quiera diga amén”; y ensayan así, y en todas las reuniones todos gritan “amén”.
Es que los avivamientos poderosos de nuestros antepasados en toda la historia de la iglesia, hacían llorar a la gente en vez de reír, porque eran enfrentados a la realidad del pecado en el que vivían.
Otra cosa es el comportamiento existente antes y después de las reuniones, donde no le hemos enseñado a la congregación a no tener ese bullicio de la conversación hasta el mismo momento de comenzar el primer cántico. Temo que hayamos perdido la sensación de la presencia del Espíritu Santo en el lugar, si es que está.
Pero si el comportamiento antes del culto entristece, la conducta luego del mismo es mas preocupante. Tan pronto como se despide una reunión parece haber un gran murmullo de conversación, mientras el templo es impregnado de un aroma a comida rápida, ya que no hemos enseñado a respetar el tabernáculo de Dios.
Otra cosa preocupante es la manera tan fácil en que la gente retrocede del camino del Señor.
La respuesta es que salen fácilmente, porque ingresaron fácilmente.
Si uno compra algo por poco precio no lo aprecia mucho, pero si paga mucho, el artículo tiene mucho valor.
Personalmente, compro y vendo pequeñas piezas antiguas, y la experiencia es que la “chatarra” se compra y se vende fácilmente, es muy barata, pero las piezas importantes es difícil lograr encontrarlas y luego también desprenderse de ellas por su costo.
Esto es lo que pasa con el movimiento pentecostal del siglo XXI,
Tengamos cuidado con la liviandad teológica y espiritual de nuestros congregantes.
Otro tema que hay en cuanto a la reforma de la iglesia es lo concerniente a lo sobrenatural; Jesús antes de ascender a los cielos, les dijo a sus discípulos: cosas mayores que las que yo hice, ustedes harán porque ahora yo estaré a la diestra del Padre intercediendo por ustedes. Esa promesa aún subsiste, y ¿qué estamos haciendo con ella?.
Aunque Dios envió estos conceptos para que se diera principio a lo sobrenatural; vemos como día a día, va disminuyendo lo sobrenatural; y en cambio, avanza la manipulación sicológica y el show mediático.
Todo eso contrasta con la vida del Señor Jesucristo. El no hizo ningún intento de distraer, entretener o atraer a las multitudes. Cuando estas se reunían a su alrededor, simplemente suplió sus necesidades básicas de alimento, sanidad y ayuda. Jesús jamás trató de impresionar a nadie.
Necesitamos volver a las sendas antiguas, necesitamos predicación sólida acerca del juicio venidero, no solo el juicio a los pecadores, si no también el que Jesús realizará con los creyentes donde la madera y la paja serán quemados y la plata y el oro permanecerán.
Necesitamos reconocer que nosotros nada podemos hacer sin la ayuda del Espíritu Santo.
Hay mucha diferencia entre un ministerio de talentos y un ministerio ungido.
Algunos ministros, encandilan a la congregación con sus talentos, pero no es la unción.
Recordemos que es el Espiritu de Dios quien mueve al arrepentimiento, y si el Señor no mueve, la gente no se arrepentirá; el tema es que cuando se predica sin el Espiritu de Dios los corazones entonces se endurecerán.
Hechos 1:15, Solamente ciento veinte.
Ellos estaban orando, y todo aumento verdadero comienza con gente que ora. Si queremos ver un crecimiento espiritual es necesario tener más que talentosos predicadores, músicos y cantantes súper especiales o multitudinarias congregaciones.
La raíz principal de todo avivamiento es la oración.
Hechos 2:41, Como tres mil personas.
Ese fue un buen aumento, de ciento veinte a tres mil, ¿cuál fue la causa?.No necesitamos decir a los pentecostales, que fue lo que lo produjo. Hechos 2:16, fue el derramamiento del Espíritu Santo.
Debemos tener otro Pentecostés, por eso lamento mucho la visión decreciente de la iglesia de hoy en día, (pentecostales o no; pero mucho más en los primeros), es que se han hecho totalmente denominacionales. Que Dios nos haga crecer.
Hechos 2:47, El Señor añadía cada día.
Señal de un crecimiento saludable, sin importarle los métodos humanos que se realicen, El añade almas a la iglesia en su tiempo, es que la mejor manera de que crezca la iglesia no es a saltos, sino continuamente, “el Señor añadía cada día”.
Verso 46; ... y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo fervor con todo el pueblo. Eso denotaba unión.
La unión es una cosa necesaria, un principio fundamental del crecimiento. La unión de que se habla; es unión del corazón. Pero mayoritariamente nuestros ministros luchan por la unión doctrinal. El “somos mejores que ustedes”, o el “si no estas en nuestra visión, no estas en la visión de Dios”, entre otros, son las formas de “unidad” que hoy se dan en el entorno, mayormente “pentecostal”.
Ante el tribunal de Cristo, creo que nos avergonzaremos de muchas cosas que en nuestros días son motivo de peleas y discusiones entre ministros.
¡Cuántas cosas insignificantes, hacemos punto de discusión !
Si formamos parte de un Concilio, una Convención, o si somos independientes; Calvinistas o Arminianos, si guardamos el sábado o el domingo, fundamentalistas o liberales, si la iglesia pasa o no por el tiempo de la tribulación, etc. etc., causando divisiones, divisiones de las divisiones, y hasta tres y cuatro generaciones de divisiones.
Yo; no voy a romper relaciones con usted por eso, y usted, puede pelear por esas cosas si quiere, pero cuando realmente uno está en las primeras filas de la batalla esas cosas carecen de importancia, si allí nos encontramos con otro cristiano, no debe preocuparnos de que “marca” es.
A mediados del siglo veinte el pastor Donald Gee escribio la siguiente frase: Nunca se podrán unir los cristianos con la doctrina, pero sí se unirán con la bendición.
Hechos 4:4. ...de los que habían oído la palabra, creyeron como cinco mil.
Un buen aumento. Y eso lo hizo la palabra, fue la palabra, oyeron la palabra, creyeron la palabra y el número aumentó en cinco mil.
Hoy en nuestros días, vivimos con lenguas, interpretaciones, visiones, profecías y revelaciones, pero no crecemos, porque no nos alimentamos de La Palabra. Lo que hace que crezcamos es La Palabra.
Algunos solo predican de la segunda venida de cristo, otros solo sanidad divina, prosperidad, de los dones del espíritu, de las lenguas pentecostales y otras cosas; que si, son parte de la palabra, pero no es La Palabra en su plenitud.
Muchos predican sobre los otros ministros, otros sobre traje y corbata en el hombre, vestimenta y pintura en la mujer, y otras cosas banales; pero para hablar de eso, no necesita la unción, eso lo hace cualquiera estando en la carne. Pero para llevar La Palabra, necesitamos la verdadera unción de Dios, y para llegar a la misma, necesitamos una reforma de nuestros conceptos bíblicos, teológicos, doctrinales, morales y sociales.
Hechos 5:14. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número de hombres como de mujeres.
Que había sucedido; lo que precedió a este aumento fue la trágica muerte de Ananias y Safira, líderes que pretendieron seguir en su camino de engaño y mentira, pero la unción que había en Pedro, hizo que este, tuviera discernimiento de la misma, y aquellos murieran públicamente.
Es que la reforma trae cadáveres, y la iglesia no es para cualquier persona, es para aquellos que sienten en su alma, el llamado de Dios a comprometerse con el Señor, y el hecho de que se viera en ese acto la magnificencia del Todopoderoso, llevó a que muchos buscaran apartarse de sus viejos caminos de pecado, caminando por la senda verdadera.
Hoy con el afán de que las congregaciones crezcan, y en esa vertiginosa carrera por aumentar las registros de membresía, se admiten en la asamblea algunos que no son dignos. Que siempre serán de estorbo. Hemos sentado la cizaña en los bancos de la iglesia, la hemos cobijado y fertilizado para que afirme su raíz y mate el trigo.
Si en lugar de ser tan liberales, abogaremos por la santidad, seguramente perderemos muchos al principio, pero valdrá la pena, porque estaremos sembrando buena semilla en el reino de Dios; y habrá buena cosecha para los graneros del Señor.
Dios nos Bendiga a Todos