Cruising. Mucho arte.
Tal vez porqué miraba hacia Oriente ocurrió todo en el kilómetro cero, bajo la Puerta del Sol: Detrás de los cristales de la taberna dónde el limpiabotas atesoraba el betún y el cepillo en su caja, dando por zanjada su labor. Encendió un cigarrillo con seguridad.
-Nací para poner guapa a la gente, ¿sabe? Los más señoritos pies pasaron por mis manos, y alguna que otra confidencia susurra todavía en el viento del oficio…
-Aquí tiene usted, gracias.
-El hombre del traje a rayas sacó un billete del fajo de su cartera. Parecía tener prisa, poco le importaban las leyendas del limpiabotas, no le importaba que viviera de la caridad, de recoger trapos y papeles, de hurgar en la basura…
-Todo hombre acude a la basura en busca de algo, betún a discreción y algún que otro salivazo… ¿sabe? Con eso consigo unos agradecidos zapatos que no se reconocen a si mismos.¿Qué me dice de los suyos?
El hombre gris le alargó otro billete, como si extendiera el cheque anual a los funcionarios gubernamentales.
-Gracias por todo.
-No, por favor, guárdeselo, yo de usted ya estoy bien pagado
-le dijo mientras se echaba a reír indiscretamente clavando la mirada en sus zapatos negros de cuero.
-Perdone, ¿sucede alguna cosa?
-Disculpe mi atrevimiento caballero, pero a mi edad y a estas alturas un servidor se ríe de lo que quiere. No se moleste, me voy a ir si no le importa a tomar algo caliente.
Y quizá fue porqué miraba al sol naciente, que abrió el hombre la puerta de la taberna acercándose hacia la barra, dónde señalando con el dedo manchado de tinte negro ordenó que le sirvieran una taza de chocolate caliente. El viejo seguía riéndose y hablando solo… ¡un pobre diablo chiflado era ese! Se reía y se regocijaba en su propia intuición. Ese viejo hablaba con sus zapatos.Y como suele ocurrir en los cuentos, fue por pura chiripa que en ese disparate yo era el camarero.
-Fíjate en ese tío, el del traje a rayas que ahora pisa el kilómetro cero, fíjate en ese tío, ¿lo ves? A este antes le he limpiado los zapatos, ¿me has visto, verdad? Pues anda buscando lío, lo que yo te digo… Lo dice el cuero desteñido en la saliva, lo dice su mirada perdida, ese tío está buscando a un puto, no te dejes engañar por su traje medido. Lo que yo te digo…¿Lo ves?¡Ahora! Hace que rastrea su sombra una y otra vez, pero en realidad busca cruzar la mirada con alguien, ¡ojo! Hace un lento y ligero movimiento con el brazo, dejando intuir que lleva algo en el bolsillo, mientras agita raudo su pupila de arriba abajo, derecha e izquierda.¡Míralo! Apresura el movimiento, ha detenido la mirada. Si…algún tiburón ha olido ya tu sangre, ¡venga! Muestra ya lo que tienes en el bolsillo. Mmm…parece que es un tímido billete de cien deslizándose por la costura del pantalón. Si, juraría que es eso. El puto se acerca sagaz por la derecha, ¿lo ves? Se acuerda el código del disimulo, si te he visto no me acuerdo, él mira hacia otro lado. La cosa va más o menos así:
-Perdone señor, ¿Tiene un cigarrillo?
-Toma puto, ¿quieres fuego?
Si…ofrécele el encendedor de oro de tu abuelo, y hecha un vistazo vicioso a tus zapatos negros. Tranquilo hombre de rayas, ¡los he dejado nuevos! Mira como le da fuego…
-¿Te gusta?
El yupi está excitado, se pone una mano en el bolsillo, ¿ves?¡Ja! y alza el pie sobre un pilote en el suelo a la altura de la rodilla del muchacho.¿Te das cuenta que mirada de cerdo que tiene? Ahora debe estar imaginándose al puto chupándole los zapatos, arrodillado a sus pies. Y mira bien al puto, no es puto,¡ es mi nieto! “Miguelín el carterista”¡Míralo al chaval, dicen que es un artista! Se acerca al tío encorbatado le mete la mano…¡Qué bueno!¡Míralo que bien! Algo de toqueteo…et voila: ¡Bravo Miguelín! Eres rápido como tu padre. No me ha dado tiempo a ver nada pero apuesto a que le has jodido todo, des de la punta del pie hasta el plumero.
Y tal vez porqué ese bar estaba en el kilómetro cero, tal vez sucedió por eso que mientras el viejo chiflado hablaba con sus zapatos, abrió la puerta don Fermín, socio del local y empresario de reconocida trayectoria.
-Un café don Fermín?-le dije prudente.
-Si anda, y cóbrame lo que haya tomado el caballero.
Don Fermín puso la mano derecha en el bolsillo interior de su americana, que era gris y a rallas. Acto seguido hizo lo mismo con la izquierda, introduciéndola compulsivamente en uno y otro bolsillo, buscando sin encontrar nada…
-¡¡¡Joder!!! ¡¡¡Me cago en el puto!!!
Y atribúyelo a la casualidad o achácalo al destino que ese viejo chiflado le dijo:
-Toma fuego, ¿quieres un pitillo? Si no te han robado la dignidad no te preocupes , que yo ya invito.
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