El ser humano es un ser excepcional. Capaz de tanta bondad como maldad. Pero sin mucho discurrir, su tendencia lo lleva a andar y desandar, en la mayoría de los casos, por los caminos del mal.
Lo terrible es que sus justificativos son cautivantes y atrayentes.
Cuantas veces se ha oído: “si eres bueno, te pisan la cabeza”, “en hacer lo malo está el placer”, “para tener éxito tienes que tener corazón frío”, “ser sentimental es ser débil”, “ para llegar a la cima tienes que pasar sobre cualquiera que se interponga en tu camino”, “si todo fuera perfecto y solo existiera el bien, la vida sería aburrida”, y otras tantas frases a las que se recurre para justificar lo malo.
Seguramente, al detenerse a pensar en una o varias de estas pocas frases justificantes, para practicar, ver o escuchar lo malo, no podemos tirar la primera piedra, negando y afirmando que jamás practicamos, vimos o escuchamos lo malo, incluso con gran deleite.
Desde la infancia, aún sin tanta conciencia de nuestra existencia, la maldad aflora como algo innato, propio del ser humano, y nadie escapa al acto de: callar, cuando se fue testigo de una injusticia; cerrar los ojos, pasando por alto, lo que sin saber mucho de leyes, reconocemos como delito; dar vuelta la cara, a quien fue víctima de la injusticia, para que no nos ocurra lo mismo y así terminar del lado de quienes tienen el poder.
Todos sabemos que si actuáramos diferente, las consecuencias serían otras. Si, todos lo sabemos. Pero las frases que justifican nuestro mal proceder nos han cautivado y nos atraen.
La codicia, el odio, la violencia y la corrupción, son solo algunos de los muchos conceptos engendrados por la maldad, los cuales, miremos hacia donde miremos están presentes.
Es verdad que desde tiempos inmemorables el mundo estuvo plagado de dichos y hechos llenos del mal. Y ésta, ha sido una razón más para justificar su larga existencia. Pero también pudimos ver que desde entonces, hasta nuestros días, la maldad se ha ido afirmando cada vez con más ahínco en el corazón de los seres humanos.
El mundo fue cambiando, y nosotros con él. Pero cabe la pregunta, ¿cambiamos para bien o para mal?...
Nuestra evolución es maravillosa.
El ser humano tiene una capacidad tan enorme, que no tiene fin. Sus descubrimientos, inventos, la ciencia y tecnología, lo corroboran.
Sin embargo, hay una parte de nosotros en la que hemos involucionado: nuestro corazón. Abrimos las puertas de nuestro punto mas íntimo a los malos pensamientos y nos dejamos llevar muchas veces por ellos. Tantas veces, que hoy, en la era de la globalización, los malos actos son aceptados como algo normal, de todos los días, que suceden en cualquier punto del planeta y que nos puede pasar a cualquiera de nosotros.
Es necesario que el ser humano tome conciencia hasta donde ha llegado y que el mundo abra sus ojos y se mire a si mismo. Siempre hay tiempo para rechazar y dejar de lado todo aquello que no construya un futuro mejor. Es a lo que todos aspiramos como seres humanos, dueños del lugar en que habitamos y capaces de elegir nuestro propio destino.
Que el miedo no nos paralice, que el odio no se interponga, y que el corazón solo abra sus puertas para dar y recibir amor.
Comentarios recientes
hace 48 semanas 5 días
hace 1 año 2 días
hace 1 año 1 semana
hace 1 año 2 semanas
hace 1 año 2 semanas
hace 1 año 2 semanas
hace 1 año 3 semanas
hace 1 año 3 semanas
hace 1 año 3 semanas
hace 1 año 3 semanas