Me parece que todos de alguna manera nos ha pasado que ciertas películas nos causan cierto impacto y que nos llevan a una profunda reflexión sobre nuestras propias vidas, provocándonos cambios profundos hacia el futuro. Hace dos años vi la última película de Rocky Balboa por mi inquietud de hacer intensamente deporte. Sin embargo, recibí un mensaje inesperado que me sacudió profundamente y que tardé tiempo en asimilar en su magnitud.
Rocky, un hombre de orígenes humildes, boxeador vago con aspecto tosco, vinculado por necesidad con mafiosos y luego, campeón del mundo y gran celebridad rodeado de lujos. Al pasar el tiempo y de esos golpes inesperados de la vida, era ya un hombre relativamente vencido en un estado nuevamente de relativa pobreza, olvidado por el mundo: “Un guerrero sin guerras que pelear”. Su mundo apático lo iba venciendo, pero había algo en él que no permitía la derrota final. Y que en mucho nos pasa a todos: la encrucijada de los que se elevan entre las cenizas, aun con todo en contra, incluso, sin la fe de las personas que uno ama.
Abatido Rocky por este combate al interior de su alma, no había quién le tuviera fe, así que él mismo tendría que encontrar la respuesta a ese estado de demolición del espíritu, el pasado dolía y en él buscaba las respuestas. No era suficiente.
De pronto, entendió que la respuesta estaba dentro de sí mismo y ante cómo es la vida en realidad: bárbara y hostil. Y se convence que solo él mismo y enfrentando cómo era la vida podía llegar volver a demostrar quién era, pero ahora solo ante sí mismo y en un plano de espíritu de lucha distinto ante un mundo que había cambiado, pero que en esencia él comprendía que era igual ante los que nacieron para la lucha eterna y sin tregua alguna.
Rocky, en un momento repentino expresa esta encrucijada que lo lleva a tomar la decisión de volver pelear con todo el mundo en contra. Y que yo resumo a mi manera y con un matiz de agregados inspiradores de reflexión para cada uno de nosotros.
Y esta reflexión se refiere a que cuando nacemos somos una luz brillante y poderosa; somos un privilegio para nuestros padres y para el mundo; nos convertimos en una esperanza indescriptible.
Pero cuando crecemos y dejamos de ser niños sentimos que algo pasa cuando empezamos a vivir lo que anhelamos; cuando nos entregamos plenamente a nuestras ilusiones y a los grandes sueños de nuestro corazón. Y es que en el camino algo nos está esperando para congelar nuestro ánimo combatiente, y que nadie nos prepara para afrontarlo: la realidad de la vida. Quién pondrá a prueba con máxima intensidad nuestra fe y nuestro espíritu de lucha; pondrá a prueba con un sentimiento de dolor incomprensible nuestra fortaleza interior.
Dios con fe creo la vida así, nosotros hacemos la diferencia de cómo vivirla y enfrentarla tal como es. Y esto no es fácil para nadie. Los sucesos inesperados ante nuestra vida misma nos estremecen hasta sacudir nuestra alma: nos debilitan y ponen en duda nuestra voluntad de seguir luchando.
Entonces, con un suspiro que duele, comprendemos que el mundo no son los bellos amaneceres, ni los bellos arco iris. El mundo en realidad, es un lugar lleno de adversidades, de hechos a veces muy dolorosos. Y que a la vida no le importa lo duro que uno pueda ser, nos golpeará y nos pondrá de rodillas, y ahí nos dejará, pero si nosotros se lo permitimos. Nosotros ni nadie golpeará tan fuerte como la vida. Aquí no importa lo fuerte que uno pueda golpear, sino, lo que importa es que tan fuerte nos puede golpear la vida y lo mucho que podamos soportar, y luego, con determinación inquebrantable, levantarse y seguir luchando.
¡De eso se trata la vida! Ahora, si con fe sabes lo que tú eres y lo que vales ¡ve y consigue lo que verdaderamente eres y vales! ¡No puedes dejarte vencer ni un instante! Pero debes ser capaz de soportar con dignidad y fuerza interior los golpes de la vida. Antes de querer culpar a alguien, a este o al otro, o a algo por lo que vives, demuestra lo valiente que eres y sé un orgullo de lucha excepcional y de grandeza ejemplar.
Eres de lo mejor en este mundo y por más grande que sean los desafíos y los obstáculos, no claudiques ¡lucha, lucha y más lucha sin tregua ante los sueños! Y luego, tal vez, si la fatiga llega, descansar un poco nada más, y seguir…
Solo así, y si al final de la jornada puedes decir que la lucha ha sido buena, entonces, podrás también decir con toda la fuerza y emoción ¡que se puede llegar más lejos!
El Panameño, Roberto Durán “El Manos de Piedra”, ex-boxeador y seis veces Campeón del Mundo, quién en su juventud fuera asistente personal, limpiabotas, camarero, pintor, mecánico, en una ocasión fue entrevistado por un periodista, quién le preguntó de manera directa: “Roberto ¿a qué atribuye usted haber llegado a ser Campeón del Mundo cómo pocos lo han sido? Roberto Durán, con la sencillez que lo caracterizaba, contestó: “No es tan fácil responder esa pregunta, lo que sí puedo decir: es que muchos entrenaban en mejores gimnasios que yo, ellos tenían mejores entrenadores que yo, tenían más recursos que yo, incluso, tenían mejores guantes que yo. Yo llegué a ser Campeón del Mundo y ellos no”.
David Rendón
deividrendon@hotmail.com
conferencialideres.com
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